Es una piedra sagrada y de meditación que nos conecta con la guía divina.
También se considera la piedra del amor y la amistad.
Su nombre tiene un doble origen, latino (lapis significa piedra) y árabe (azul significa azul).
El Lapislázuli ya se utilizaba como joya y adorno durante la Prehistoria.
En la Edad Media, se utilizaba molido como pigmento de pintura y también para teñir telas.
Para los egipcios, era la piedra de los dioses.
A nivel físico, el Lapislázuli tiene numerosas virtudes.
Actúa sobre los ojos, atenúa la fiebre y alivia los dolores de cabeza (colocar sobre el chakra del tercer ojo).
Ayuda a curar enfermedades de la piel, eczemas, erupciones cutáneas y picaduras de insectos.
Combate las alergias y el asma. Actúa sobre el crecimiento del cabello y las uñas (colocar sobre el chakra raíz).
Calma la tos, los dolores de garganta y los estornudos (colocar sobre el chakra de la garganta).
A nivel psicológico, el Lapislázuli es la piedra del buen humor y la comunicación.
Desarrolla nuestras facultades de sensibilidad y eleva nuestra conciencia.
También elimina las ansiedades y resuelve los bloqueos en el ámbito de las emociones.
El Lapislázuli también tiene una gran fuerza purificadora para el cuerpo, pero sobre todo para la mente, que estabiliza, y para el alma, que eleva.
Sus particularidades: esta piedra no debe utilizarse en el dormitorio.
En caso de migrañas nerviosas, hay que poner unas gotas de aceite esencial de lavanda sobre el Lapislázuli y pasarlo por la frente.
Recarga y purificación: hay que purificarlo con agua corriente, sobre todo no usar sal, y recargarlo con luz lunar o solar.